La historia del Doctor Jorge Mario Jordán Domic

¿Qué significa entregar la vida por tus ideales?

Médico cirujano y militante del Partido Comunista de Chile, fue un trabajador de la salud que trabajó incesantemente a lo largo de su corta vida por transformar la realidad socio-política de Chile.

Doctor Jorge Mario Jordán Domic (Septiembre 1944-Octubre 1973).

Jorge Jordán, médico cirujano y militante del Partido Comunista de Chile, fue un trabajador de la salud que trabajó incesantemente a lo largo de su corta vida por transformar la realidad socio-política de Chile. Nació en septiembre de 1944 en Santiago, lugar donde su padre, el doctor Jordán, se desempeñaba como psiquiatra en el Hospital Colonia El Peral atendiendo a más de mil enfermos mentales, alcohólicos y drogadictos, con tratamientos de rehabilitación social y laboral. Quizás ese continuo contacto con sectores vulnerables, además de la constante convivencia con sectores más segregados de nuestra sociedad, como campesinos y auxiliares hospitalarios, fueron factores determinantes en sus posiciones ideológicas, siempre centradas en los valores del servicio al ser humano.

Desde una temprana edad se destacó por sus enormes aptitudes para la escritura y lectura, transcurriendo su juventud entre libros, diarios, revistas, tangos y poesía. El 25 de mayo de 1969, a la edad de 24 años, se gradúa de médico en la Universidad de Chile. Ese mismo año, se casa con Amari Herrera y decide iniciar su carrera como médico general de zona, trasladándose al Hospital de Ovalle en la cuarta región. Allí, el doctor Jordán no sólo era un intelectual empedernido. Se hizo conocido y querido por su pasión y talento deportivo, ganándose el apodo de “el médico futbolista” y el reconocimiento en los diarios locales: «Es un deportista de corazón. Se ha integrado a la comunidad destacándose como un profesional ejemplar, humanitario y cordial.» Su vida política estuvo influenciada, además de por sus vivencias personales y profunda calidad humana, en una arraigada tradición familiar de militantes de izquierda y en la convivencia con profesores activamente involucrados con los procesos políticos sociales de Chile. Ingresó a corta edad a las Juventudes Comunistas para luego militar en las filas del Partido, ocupando altos cargos de importancia durante su trayectoria política.

Al momento del golpe militar se desempeñaba como Secretario Regional del Partido Comunista de Ovalle. El 11 de septiembre de 1973, fue llamado por las autoridades militares a presentarse en la Comisaría de Carabineros de Ovalle, donde se le comunica que debía permanecer en su hogar con orden de arraigo. Así sucede hasta el día 14, cuando es trasladado desde su casa hasta la Comisaría; ahí permanece hasta el 23 de septiembre y durante su estadía es sometido a torturas y apremios físicos. En palabras de su padre: «Se supo que fue torturado diariamente por un experto en artes marciales, traído directamente desde Santiago. En este período le obligaron a firmar documentos con confesiones descabelladas, todas obtenidas después de golpes y torturas. Se le veía en muy mal estado físico. Así fue trasladado hasta La Serena». El día 23 de septiembre es conducido a la cárcel de La Serena (donde habían encarceladas más de 700 personas) para ser sometido a juicio, quedando a disposición del fiscal de Carabineros. Entre tanto, su padre vivía la represión al ser despedido del Hospital Psiquiátrico y quedar con prohibición de salir fuera de Santiago. Su madre viajó a Ovalle en 3 oportunidades, permitiéndosele sólo en la última ocasión visitar a Jorge en la cárcel. Según su propio relato, el doctor Jordán se veía tranquilo y optimista en ese encuentro, convencido que saldría pronto en libertad. Mientras permanecía en la cárcel de La Serena fue notificado de que sería nuevamente trasladado hasta el Regimiento Arica, a fin de abrir su proceso militar. El 16 octubre de 1973, a las 13 horas, fue conducido en vehículos militares hasta el Regimiento junto con otros 14 prisioneros políticos, campesinos, profesores, dirigentes sociales, agricultores, obreros, abogados y otros tantos trabajadores de la patria. El Director de la Orquesta Sinfónica Infantil de La Serena, Jorge Peña Hen, también se encontraba entre los detenidos.

El tiempo demostró que se trató de un asesinato masivo. Algunas de las víctimas se encontraban cumpliendo penas de presidio, otros estaban siendo procesados y en el caso del doctor Jordán, ya había sido notificado de la fecha de inicio de su proceso. El 18 de octubre de 1973 por la mañana, los hermanos de Jorge Peña -aquel querido y recordado músico- concurrieron hasta el Cementerio de La Serena, lugar en donde se rumoreaba que los restos sin vida de los 15 fusilados habían sido arrojados a una fosa común. Comprobaron con horror la presencia de numerosos cadáveres, imposibles de reconocer por la profundidad de la sepultura. Los cuerpos aún no mostraban señal alguna de descomposición. El teniente coronel de ejército, Ariosto Lapostol Orrego, Jefe de Plaza de Coquimbo, en comunicado oficial trató de explicar las razones del fusilamiento. “Se informa a la ciudadanía que hoy 16 de octubre a las 16:00 horas fueron ejecutadas las siguientes personas conforme a lo dispuesto por los Tribunales Militares en tiempos de Guerra…”. Respecto de Hipólito Cortés Alvarez, Jorge Jordán, Gabriel Vergara, Oscar Cortés, se dijo que “habían ocultado bajo tierra una gran cantidad de quince armas, abundante munición, explosivos, con la intención de atacar a Carabineros de Ovalle el día 17 de septiembre”. Se señaló, además, que habían “participado como instructores de guerrillas en la zona”. Todas ellas, acusaciones jamás comprobadas. Por declaraciones posteriores del propio teniente coronel Ariosto Lapostol y otros antecedentes que han visto la luz, se ha comprobado que estos fusilamientos están vinculados al paso por esta ciudad de una comitiva especial enviada desde Santiago, comandada por el general Sergio Arellano Stark: la conocida Caravana de la muerte. El mismo 16 de octubre de 1973 y cinco horas antes de producirse los fusilamientos, dicha comitiva había arribado a la ciudad de La Serena.

Al respecto, el Informe de la Comisión Verdad y Reconciliación acredita que la ejecución se realizó al margen de todo proceso legal, y que participaron agentes del Estado. Expresa, además, que casi no medió tiempo entre la revisión de los casos y la ejecución, lo que hace imposible que en ese lapso se desarrollara un Consejo de Guerra ajustado a derecho. En el supuesto hecho de haberse celebrado dicho Consejo de Guerra, el informe indica que no existió derecho a defensa de los acusados, toda vez que no hubo ni presencia de abogados ni posibilidad alguna de efectuar descargos. No se ha podido obtener copia de la sentencia judicial o de cualquier pieza procesal referida al juicio que habría sido realizado en contra de los 15 prisioneros ejecutados.

Jorge Jordán Domic fue asesinado a los 29 años. Dejó a dos pequeños hijos, Jorge de tres años y Milko recién nacido. Ambos asumieron concretamente el asesinato de su padre cuando ya eran jóvenes, a raíz del hallazgo de los cadáveres. El mayor de ellos, Jorge, tenía sólo 35 años cuando decidió terminar con su vida, el día del cumpleaños de su padre: 15 de septiembre. Casi toda su vida vivió en un eterno proceso en búsqueda de verdad y justicia. Arrastró una vida de dolorosas contradicciones, sin saber de la historia real de su padre hasta que ya fue un joven, amparado por una madre que creyó que el silencio protegería a sus hijos durante la dictadura. El doctor Jordán no vio crecer a sus hijos, ni tampoco a los pequeños pacientes que pensaba atender, tras su programado viaje a Colombia, donde había obtenido una beca para especializarse en malformaciones faciales. No tuvo derecho a funeral. No tuvo derecho a una tumba donde su mujer y sus dos hijos pudieran rezar y poner flores. Se transformó en un detenido-desaparecido, al igual que tantos en este país que se atrevieron a pensar y construir un país diferente, un Chile de dignidad y derechos para todos nuestros hermanos.

Aunque su familia no puede encenderle velas, el trabajo de todos nosotros deben constituirse en pequeños fuegos que enciendan nuevamente la llama, y que iluminen el camino que Jorge y todos los compañeros abandonados en la fosa común intentaron transitar: aquel camino de justicia y de amor, de incesable construcción de un mundo mejor para todos los trabajadores de Chile y el mundo.

Por Alejandra Paola Toro Castillo, Interna Séptimo Año.


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